imagen tomada de: elcaudecati.blogpot.com

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Del más reciente discurso del general presidente Raúl Castro se puede deducir que los cubanos somos un pueblo deseoso de vivir en  un sistema sociopolítico que en 48 años no hemos sido capaces de construir,  para lo cual nos dejaremos guiar por un partido –el único permitido-  que luego de 44 años de haberse puesto el nombre de comunista no ha logrado siquiera implantar de forma eficiente y perdurable la regla de oro del socialismo: “De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”

Frente a los más de 500 parlamentarios, que de forma unánime aprobaron dos leyes y dos nuevos nombramientos, Raúl Castro confesó que a veces le ha dado “la sensación de que nos estamos comiendo el socialismo antes de construirlo y aspiramos a gastar como si estuviéramos en el comunismo”. Frente a la  oración tengo una pregunta estrictamente gramatical: ¿Quién es el sujeto? También se pudiera cuestionar si lo que ha estado sobre el plato se parece a alguna de las recetas conocidas del sistema y si lo poco que hemos aspirado pudiera identificarse con esa sociedad idílica donde corren a chorros llenos los bienes materiales.

En otra de las desafortunadas metáforas usadas en su discurso, cuando se refería a la complejidad de los problemas que hay que solucionar, el general dijo que de lo que se trataba era de “ponerle el cascabel al gato”. Esta vez hay que preguntarse sobre la identidad del complemento indirecto. ¿Quién ese gato peligroso al que hay que mantener bajo control? ¿Acaso los descarriados apetitos del pueblo, o estará refiriéndose a un viejo felino agazapado que no deja ni moverse a los ratones?

Otra vez se convocará a los ciudadanos para escuchar sus opiniones, cuando me toque en mi barrio no perderé la oportunidad de decir lo mío.

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