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El video donde se muestran los motivos que llevaron a la destitución de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque se ha exhibido de forma restringida. Se dice que hay dos versiones, una más larga y detallada que solo han visto los altos dirigentes y otra sintetizada que ha sido expuesta a la oficialidad militar y miembros del Partido. Según han contado algunos, la cinta del video (o quizás el disco) solo se manipula por personas de confianza y para entrar a la sala de proyección hay que dejar afuera teléfonos, cámaras,  grabadoras y bolsos. La prueba de que se han tomado medidas extremas es que no se ha filtrado ni una sola escena.

No obstante, la memoria biológica de algunos espectadores ha logrado retener los detalles más atractivos y, gracias a algunas indiscreciones, éstos han sido del conocimiento de quienes no tenemos permiso para enterarnos de la verdad, o al menos, de una parte de la verdad. Las narraciones orales han sido transcritas y colocadas en Internet.

Todo eso me recuerda una experiencia en la que participé hace dos años, cuando fui invitado por un amigo a una sesión de cine para ciegos. En una pequeña sala de video donde se encontraba una veintena de invidentes, se proyectaba la película Gandhi  doblada al español. Una mujer de voz clara y de envidiable dicción describía rostros y paisajes y narraba las acciones. En un momento, cerré los ojos y ya no quise abrirlos más hasta el final del filme, a pesar de que en más de una ocasión sospeché que estaba pasando otra cosa en la pantalla.

La adaptación contada del famoso video de Lage y Pérez Roque es una victoria contra la censura y un capítulo imprescindible para los estudiosos de las técnicas de información. No dudo que en esta época del posmodernismo surja de esa costumbre un nuevo género literario: versiones apócrifas sobre filmaciones trucadas de hechos que nunca existieron.

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Los cubanos hemos leído con optimismo el discurso de Barack Obama en el Cairo donde se fija más que la posición, la nueva filosofía estadounidense en política internacional.

La tendencia a no estar prisionero del pasado y a fijarse más en lo que nos une que en lo que nos separa, con el objetivo de encontrar un espacio común donde vivir en paz y colaborar, parece ser el centro de gravedad de dicha filosofía.

El presidente norteamericano iluminó con este constructivo modo de pensar conflictos de  punzante actualidad especialmente relacionados con diferencias religiosas o étnicas.

En el tema de la democracia Obama dijo “ninguna nación puede ni debe imponer un sistema de gobierno a una nación” y a continuación detalló los ingredientes básicos de lo que debe ser un gobierno democrático. “Acogeremos a todos los gobiernos electos y pacíficos, siempre que gobiernen respetando a toda su gente”, pero no fue explícito en cómo actuaría su país con aquellos gobiernos que no acoja.

Evidentemente (y como debe ser) Obama traza una política internacional acorde a los intereses de su país, entendiendo que entre esos intereses predomina la existencia de una paz a nivel mundial. Lejos quedaron las preocupaciones que se derivaban de la existencia de un grupo de naciones agrupadas bajo el signo de la ideología marxista leninista. El campo socialista, el Pacto de Varsovia ya no existen y el conflicto entre el sistema capitalista y el sistema comunista, que tantas veces se mostraba como la más antagónica contradicción de todos los tiempos y que solo podía solucionarse con la desaparición de uno de los contendientes, ha dejado de ser una preocupación de primer orden para los Estados Unidos.

El caso de Cuba queda como un remanente de la guerra fría. Aunque aquí ya nadie usa el viejo lenguaje de la dictadura del proletariado, aunque en su discurso por el 50 aniversario de la Revolución Cubana Raúl Castro omitió toda alusión a la ideología marxista y ni siquiera recordó que se pensaba construir el socialismo, lo cierto es que no se ha hecho una pública renuncia a aquellos postulados que confluían en el anhelado propósito de barrer el capitalismo de la faz de la tierra.

El terreno común que pudiera interesarle al gobierno de Cuba compartir con Estados Unidos se reduce a los problemas migratorios, la lucha contra el tráfico de drogas y la colaboración en caso de desastres naturales. El reciente desplante que hizo el gobierno cubano ante la posibilidad de entrar en la OEA demuestra cuán lejos estamos de una integración regional.

Quizás por eso no podremos ponernos el sayo que se exhibió en las pasarelas del Cairo. Porque para el gobierno cubano, que sigue midiendo su relación con el vecino del norte por las diferencias, el ciclo de suspicacia y discordia no muestra indicios de que vaya a terminar, como tampoco hay una sola señal de que se quiera pasar la página de una historia, cuya principal fuente de gloria está en los capítulos de la confrontación. Estamos presos del pasado porque solo eso legitima la permanencia en el poder de nuestros gobernantes.

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Hace casi una semana la Asociación Pro Libertad de Prensa, dirigida por Juan González Febles, hizo público un texto bajo  el título “Los que nadie premia” que deseo comentar a continuación:

Dice en su primer párrafo: “Desde la última ola represiva en 2003, han presentado sus credenciales dos novedosas formas  de respuesta a la dictadura militar totalitaria cubana. Hemos visto llegar a las Damas de Blanco y a los blogeros”

Permítaseme algunas precisiones: Hay que saber elegir las metáforas. Ni las Damas de Blanco ni los bloggers han tenido  que cumplir el requisito protocolar de “presentar credenciales” ante nadie, ni son “novedosas formas” que tengan como  designio responder a la dictadura. Las Damas de Blanco se definen a sí mismas como una agrupación heterogénea y no  política, centrada en el propósito de conseguir la libertad de sus familiares presos; en tanto que los bloggers son  ciudadanos independientes, empeñados cada uno en expresar sus ideas y opiniones en un espectro demasiado ancho  como para que alguien pueda reducirlo a una mera “novedosa forma de respuesta a la dictadura”. Por otra parte me parece  desacertada la elección del verbo llegar que implica el significado que viene de otro lugar.

En el segundo párrafo se califica a estas dos expresiones de la sociedad civil cubana como “estilos” que “han visto  recompensados sus esfuerzos con gratificantes reconocimientos internacionales”

Creo ocioso señalar que lo único que pudiera recompensar lo que hacen las Damas de Blanco sería la libertad de sus  familiares en prisión. Lo mucho o lo poco que hayan recibido y que aplaudiría que recibieran en el futuro, nunca podrá ser  considerado como una recompensa o pago, sino como una ayuda para alcanzar sus objetivos. Por otra parte los premios  justamente ganados por Yoani Sánchez, aunque honran indirectamente a todos los bloggers, han sido premios individuales  y no a un supuesto “movimiento” cuya característica más compartida es que cada uno se mueve al ritmo, la velocidad y la  dirección que cada cual elige, donde no existen ni posiciones comunes, ni jerarquías, ni líderes.

En el tercer párrafo, en el mejor estilo de la prensa oficialista, se habla de “Los artífices de ambas promociones” como si  los premios obtenidos hubieran sido fruto de una fabricación artificiosa y no la equilibrada decisión de jurados  independientes, que tuvieron que elegir entre numerosos candidatos.

Cuando menos lo espera el lector, el comunicado de la Asociación Pro Libertad de Prensa nos hace saber que hoy  CubaNet no tiene fondos y que desde hace dos meses los periodistas independientes, que no reciben nada de otras  fuentes, pasan hambre.

Tengo la impresión de que el autor de este texto ha visto demasiadas mesas redondas y cree a pie juntillas las reflexiones  de algunos jubilados donde se nos pretende convencer de que el Parlamento Europeo es un títere del imperialismo y el  grupo Prisa una dependencia de la CIA. Si CubaNet (a la que no quito ningún mérito) no tiene fondos es porque la  agencia norteamericana que la financia decidió retirar o disminuir (no estoy al tanto de esos detalles administrativos) la  financiación que la mantenía. En la mente confusa del redactor hay un gran amo que fomenta premios y financia agencias  de prensa y ese amo comete ahora la injusticia de recompensar a algunos y olvidarse de otros. Si no es así como piensa ¿a  qué viene la comparación?

Conozco a muchos periodistas independientes, yo mismo lo soy desde 1989, (seis años antes del primer despacho desde  Cuba a que se refiere el editorialista) cuando empecé a publicar mis textos en revistas y periódicos extranjeros como free  lance, muchas veces sin recibir dinero por ello, y sobre la base de ese conocimiento, puedo afirmar que son muchos los  que no dependen de CubaNet y muchos más los que serían incapaces de hacer esta mezquina comparación entre los que  son premiados y los que nadie premia. Conozco también a los galardonados y puedo asegurar que a ninguno de ellos se  les ocurriría publicar un texto para marcar la distinción entre los que ganan premios y los que nunca los ganan.

En los tres últimos párrafos de la declaración, emitida como editorial, ya la influencia parece venir de los Expedientes X,  sobre todo cuando se habla de “cierto sector de una clase política inamovible asentada en Cuba y poderosos intereses  externos que la mantienen” que se han propuesto de conjunto eliminar a los periodistas independientes. Obviamente no  está hablando de los gobernantes sino de opositores que “se desgastan en planes ideales que cambian o rotan de forma  circular”, habla de una clase política que “recibe recursos y propone planes, proyectos, agendas y congresos que nunca  llegan a ninguna parte” mientras que “la prensa independiente de Cuba, trabaja, sueña y lucha por una Cuba libre”

Si los periodistas independientes cubanos no encuentran forma de ganar el sustento ejerciendo la profesión, es porque en  Cuba los medios de difusión son un monopolio del Partido Comunista y no porque haya una conspiración entre  opositores para eliminarlos con el silencioso contubernio de Damas de Blanco y bloggers a quienes se les entregan  premios para que no hablen del asunto.

¡Yo también estoy deseoso de escribir una nueva versión de “A pie y descalzo”! ¡Yo también estoy insatisfecho con lo  alcanzado por los partidos de la oposición y las disimiles agrupaciones de la sociedad civil! Pero la amargura que dejan las  frustraciones no se sanan buscando culpables donde no los hay y mucho menos echándole la culpa al que no la tiene.

Se necesita una elevada dosis de buena voluntad para creer que no hay simple mala leche en esta declaración. Si alguien  me puede hacer el favor, que me envíe un poco (de la buena voluntad, no de la mala leche), pues la mía se me acabó.

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Cada vez con más frecuencia, los cubanos elegimos para autodefinirnos ese sustantivo que durante tanto tiempo arrastró una carga peyorativa: ciudadano.

Ya en 1973, en el filme El hombre de Maisinicú, del cineasta Manuel Pérez, escuchamos a Sergio Corrieri responder ofendido a un agente del orden: “ciudadano no, sino compañero”, pues el término se tomaba como una ofensa por  todos aquellos que se negaban a aceptar el distanciamiento que implicaba. En un país donde “todos estamos dispuestos a morir por la misma causa”, en una nación en la que “todos somos uno en esta hora de peligro”, la autoridad llama ciudadano al presunto criminal y “compañero” al que ayuda a su captura. Pero una cosa bien distinta es tomar distancia desde el poder -cuando el policía llama ciudadano a la persona que requiere- y otra hacerlo desde la ciudadanía  si una persona se auto titula de esa forma para reclamar sus derechos. Entre hermanos, entre compañeros, entre los miembros de una pareja donde reina la indivisibilidad, es casi de mal gusto estar hablando de derechos. Sólo siendo conscientes de la separación se puede reclamarlos sin sentirse culpable.

En medio de la perenne provisionalidad en la que hemos vivido siempre, se ha apelado a “este minuto histórico que vive nuestra patria” para exhortar al olvido momentáneo de los derechos y a prestarle más atención al cumplimiento cabal de los deberes. Esta incitación solo cabe entre camaradas juramentados en una causa, entre dirigentes y dirigidos, pero resulta, al menos inapropiada, en la relación entre gobernantes y ciudadanos. Sobre todo si los gobernantes están obligados a rendir cuentas de su gestión y los ciudadanos tienen la potestad de cambiar a sus gobernantes cuando éstos no cumplen.

Obviamente existe una enorme diferencia entre declararse ciudadano y exponerse como opositor. Pero  para los fundamentalistas –con su estrecha concepción- esta toma de distancia, esta desvinculación del “nosotros” en la que tomamos conciencia de nuestra identidad ciudadana para reclamarle algo a ese poder a quien colocamos en la tercera persona es, en fin de cuentas, un acto de traición.

Muchas veces me preguntan cuál es la Cuba que me imagino en el futuro. Casi sin pestañear, respondo: “Sueño con una nación difícil de gobernar”. Un país con un parlamento plural en el que cada párrafo de cada ley cueste horas de discusión y cabildeo, con muchas tendencias, con disímiles opiniones. En una nación así no se producirían votaciones unánimes ni habría líderes carismáticos arrastrando con su verbo de fáciles metáforas a seguidores incondicionales. No habría aplausos prolongados ni grandes ovaciones, pero probablemente ocurrirán rechiflas de desaprobación y abucheos de descontento.

El aprendizaje ciudadano para vivir en una nación como la que imagino probablemente será autodidacta, pues tengo la impresión de que no hay suficiente bibliografía didáctica para eso. Tenemos que aprender desde ahora las reglas del futuro.

Lo menos que se le puede pedir a una asamblea democrática es que no se pase a la etapa de la votación o aceptación consensuada de una propuesta hasta que no se hayan escuchado las diferentes ideas. Cada demanda, cada conquista tiene que ser elaborada y discutida antes de ser propuesta. Mientras más grupos, subgrupos y personas participen, mejor.

Aspirar a la unidad es una aberración, lo mismo desde el poder que desde la oposición. Hay quienes pretenden que la unidad se forje en torno a ellos, la unidad en torno a lo primero que se les ocurre, sin ponerse a pensar si eso es lo que realmente quieren todos.

Cuba está enferma y la solución a sus males no aparecerá hasta que todos los cubanos, los de dentro y los de afuera, tengan la oportunidad de discutir serenamente las tantas opciones, las muchas prioridades que se presentan. En lo personal, tengo mi propia receta que se resume en cuatro palabras: “Despenalizar la discrepancia política” ¿quién no la tiene? Pero no me atrevería a lanzar un programa, ni a señalar prioridades a un plesbicito, ni invitaría a que un coro de adeptos se sumara a mi propuesta.

Estoy completamente seguro que es necesario liberar a todos los presos políticos, pero me atrevería a asegurar que una demanda de esa naturaleza perdería en una competencia con la de poner por la libre el pan o rebajar el precio de los huevos. Daría años de mi vida por que se implantara la libertad de expresión, pero comprendo que son más los que quieren la libertad de viajar.

No me estoy poniendo burocrático ni creo que el formalismo debe detener las iniciativas espontáneas de los ciudadanos, pero no se deben quemar oportunidades. Cuando hagamos una convocatoria para reclamarle algo al gobierno, ya sea el precio de la guagua o la renuncia en pleno, consultemos primero, escuchemos a todos, redactemos de conjunto y luego tendremos derecho a decir: Nosotros queremos esto o aquello o lo otro.

Un anuncio a una “acción común”, supuestamente “convocada por varios blogs y webs cubanos”, pide que este lunes abramos nuestras páginas con un texto en el que se llama al gobierno cubano y al mundo a liberar presos políticos, levantar restricciones migratorias y abolir las prohibiciones de acceso a Internet.

No me sumo a esta iniciativa porque ninguno de los bloggers cubanos que conozco dentro de la isla (y conozco a casi todos) estaba enterado de la convocatoria, por lo que sospecho que alguien, sin negar las buenas intenciones, ha secuestrado el derecho de usar una posición común sin ni siquiera consultar antes si había o no consenso para ello.

No me sumo a esta iniciativa porque para hacer un llamamiento de esta envergadura se debe  tener en cuenta que la lista de demandas a hacer es larga, y seleccionar tres es, de alguna manera, restarle importancia a las ausentes. Igualmente ocurre con la forma en que se ponen en orden dentro de la lista.

No me sumo a esta iniciativa porque sienta un precedente que rompe con una de mis normas personales que se reduce a  un principio, si se quiere egoísta: no me gusta que me dicten lo que tengo que escribir.

No obstante, no seré el agua en el vino ni la mosca en el vaso de leche y les cuento a mis poquísimos y respetables lectores que unos bloggers ahí quieren que este lunes la gente se entere de esto:

LLAMAMIENTO AL GOBIERNO CUBANO Y AL MUNDO

Pedimos a todas las personas e instituciones defensoras de los derechos civiles en el mundo que contribuyan, y llamamos al gobierno cubano a:

-Liberar a los presos políticos en Cuba.
-Levantar las prohibiciones que impiden a los cubanos entrar y salir de su país.
-Levantar las prohibiciones de acceso a Internet para los cubanos.

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Reinaldo Escobar


Reinaldo Escobar (1947)
Periodista, nació y vive en Cuba. Se licenció en Periodismo en la Universidad de La Habana (1971) y trabajó para diferentes publicaciones cubanas. Desde 1989 ejerce como Periodista Independiente y sus articulos se pueden encontrar en diferentes publicaciones europeas y en el Portal desde Cuba.

reinaldoescobar@gmail.com

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