Una de las advertencias más recurrentes que hacen los ideólogos del partido es que el propósito más anhelado, tanto por los opositores del patio como los del exilio es regresar al pasado, para decirlo con el énfasis correcto: al pasado bochornoso.

Está claro que se admite como licencia del discurso político el uso de ciertas metáforas, como por ejemplo aplicar el adjetivo eterno (que no tuvo principio y no tendrá fin) a situaciones históricas concretas, como el Partido Comunista, los Comités de Defensa de la Revolución, o para calificar el legado que alguien nos impone. Pero la metáfora tiene sus límites dentro del lenguaje. Por eso no es aceptable poner en una jaula a comer carne cruda al guerrero del que metafóricamente decimos que es un león, de la misma manera que resulta inadmisible que pongan en la cárcel, repriman o difamen a un adversario político porque se le acusa de tramar una vuelta al pasado.

Hay cosas de antes que regresan, como las canciones, los peinados, el largo y el ancho de la ropa, pero una nación entera, una isla habitada por 11 millones de seres humanos, no puede desandar en el tiempo, no digamos retroceder cincuenta o cien años, ni siquiera una fracción de segundo.

Cuando en Cuba se habla de “el pasado” se está haciendo referencia especialmente a los pocos años que duró la dictadura de Fulgencio Batista. Si el tirano no hubiera muerto hace mucho y realmente se hubiera mantenido oculto en un lugar; si contara con los recursos para volver e imponer de nuevo su mandato, sería muy difícil volverlo a derrocar. Empezando porque ahora nadie podría alquilar la granjita Siboney para acuartelar allí a los asaltantes del cuartel Moncada, ni se podrían comprar escopetas en las armerías de La Habana, ni sería posible hospedarse en los hoteles de Santiago, ni reservar pasaje para tantos hombres en la misma fecha. En el caso que todo eso se pudiera realizar, dudo mucho que los 15, 13 y 10 años de cárcel a que fueron condenados los participantes de aquella acción, pudiera reducirse a los 22 meses que realmente cumplieron en el presidio político aquellos jóvenes. Ni hablar de alzarse en esas montañas cruzadas hoy por carreteras y con la experiencia acumulada en lucha contrainsurgente. Dejemos allí el absurdo.

Lo que está detrás de la metáfora de “regresar al pasado” es simplemente implantar en Cuba el sistema que funciona en el resto del planeta, incluso en aquellas naciones como China o Viet Nam que han reciclado sus modos de producción o en Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde se agitan las banderas del Socialismo (¿No serán estos los que quieren regresar al pasado?)

En los años 80, una consigna llenaba las vayas de las ciudades: “El futuro pertenece por entero al socialismo” Hoy sabemos que el porvenir no es de nadie, como no sea de nuestros hijos y nietos. Entre el temor al futuro y el pánico al pasado la clase dirigente cubana se aferra a un presente que trata de dilatar, pero el Sol, indiferente a la voluntad política de los hombres, se asoma cada día por el horizonte para secar, en nuestros balcones, los pañales de quienes serán los hombres y mujeres de los nuevos tiempos. Ellos vivirán en un país completamente diferente. Nadie tiene poder para impedirlo.

Anuncios