raul.jpg

La natural vocación humana de intentar adivinar un acertijo me llevó a hacer un pronóstico sobre lo que sería el nuevo Consejo de Estado de la República de Cuba, cuya única pista previsible era la ausencia de Fidel Castro. Nunca se me ocurrió publicar mi vaticinio, pero ahora que ya todos conocemos la respuesta debo confesar que estaba completamente equivocado.

Calculé que Raúl Castro se preservaría para ocupar la máxima dirección del Partido y que el cargo de Presidente quedaría en las manos de alguien como Carlos Lage, quien tendría como primer vicepresidente a otra persona relativamente joven como Felipe Pérez Roque o a una figura histórica como Juan Almeida. Pensé que en el caso que Raúl se decidiera por la presidencia, Lage sería su natural primer vicepresidente y que probablemente el cargo de presidente del Consejo de Ministros fuera ocupado por otra persona, con la intención de desconcentrar la tenencia del poder. No me atreví a apostar ni un peso (moneda nacional) por mi predicción, pero estaba casi seguro que acertaría.

La elección de José Ramón Machado Ventura para primer vicepresidente de los consejos de estado y de gobierno me parece la peor de las noticias, pues la reputación de hombre renuente a la introducción de reformas provoca la idea de que no habrá que hacerse muchas ilusiones, que los cambios ni siquiera serán cosméticos, si acaso algún cambio en la forma de peinarse. La gente de mi generación conoce bien sus gustos en ese terreno.

La segunda nota desagradable fue la aprobación unánime de parte del parlamento de autorizar al recién electo presidente que le consulte a su hermano las más importantes decisiones en relación a la defensa, las relaciones internacionales y el desarrollo socioeconómico del país. Que él lo haga en privado hasta me parece normal, como normal es consultar cualquier decisión con un pariente, pero institucionalizar esa consulta es una manera de menoscabar la autoridad del cargo asumido y una forma inaceptable de colocar a una persona por encima de la institucionalidad.

El esperado “paquete de medidas” tuvo que conformarse con una críptica presentación en la que nada quedó ni sustantivado ni claramente cronometrado. Dio la impresión de que sólo a partir de ayer quienes tienen en sus manos los timones del poder empezaron a pensar en el asunto. Ellos volvieron a comprar tiempo, nosotros tendremos que seguir comprando paciencia.

Por suerte en el mismo discurso Raúl Castro reivindicó el derecho a la discrepancia, cosa que aplaudo y que aprovecho en estas líneas.

Anuncios